Columbia-Talampaya,
La Rioja - Argentina
13 y 14 de Octubre 2007
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Segunda edición de Columbia-Talampaya. Carrera
combinada de bici y running.
Días previos llenos de expectativas…los
preparativos, el clima, la zona, la dificultad…
Después de un largo viaje en micro desde Buenos
Aires, llegamos al Parque Nacional Talampaya. Es difícil
explicar la magnificencia de ese lugar. Tierra roja,
arena y un hermoso cielo. Nos ubicamos en el lugar del
campamento y empezamos el armado: las carpas, los colchones
inflables, las bicicletas. Momento de compartir charlas
con amigos, encuentros y mates.
Rojo atardecer y cae la noche. El frío se siente.
Nos abrigamos y preparamos los últimos detalles
para largar al día siguiente.
Cena, y a escuchar la charla de Tagle para los corredores
dónde explicó el recorrido del primer día.
Ahora si, a dormir.
13 de Octubre, primer día de carrera: Cielo bien
celeste, ni una nube en el horizonte. Nos trasladamos
al arco de salida a unos kilómetros del campamento.
Muchos autos, corredores, acompañantes. El clima
pre-carrera se sentía en el aire.
10 hs. Largada!! Salimos en bici y seguimos un sendero
muy, muy difícil. Si bien no había desniveles
y se trataba de 20 km, la arena fue la protagonista del
día. Había zonas en dónde pedalear
era imposible, y se transformaron en largos trayectos
de empujar la bici. Se nos hizo largo, pero cuando llegamos
a la transición, dejamos las bicis y empezamos
a correr, todo tomó otro color.
El running fue por Ciudad Perdida, un lugar con tanta
belleza qué ameritó la toma de fotos e
imágenes a cada rato. Increíble! Para llenar
el alma, los ojos y guardarlo en nuestra memoria. Una
vez finalizado el circuito a pie, volvimos a subirnos
a las bicis y encaramos el trayecto de regreso. Nuevamente
ese difícil sendero con el sol qué no nos
daba tregua. Después de más de seis horas
llegamos, cansadas pero felices. Con algunos moretones
y las zapatillas bien rojas y llenas de ese suelo tan
particular.
Volvimos al campamento. La gente reparaba las cámaras
de las bicis ya qué las espinas del lugar, también
protagonistas, pincharon muchísimas ruedas. Nosotras
salimos invictas de casualidad durante el recorrido.
Sin embargo, al verificar las bicis, encontramos una
espina en la bici de Grace qué el gel antipinchaduras
pudo solucionar.
Cenamos, y fuimos a la charla. Vimos el video del primer
día, y otra vez la emoción al verme correr
en un lugar tan maravilloso… Rápido a dormir
ya qué a las cinco de la mañana sonarían
los primeros despertadores.
Y así fue. Agua preparada en las caramañolas,
y a las 6.30 hs, con la luz apareciendo, estábamos
caminando esos 2,8 kilómetros qué separaban
el campamento del arco.
Día nublado y fresquito, muy extraño para
la época, pero bienvenido para el largo día
de carrera.
Esta vez comenzamos corriendo. Cámaras de fotos
en mano porque la zona nunca deja de sorprendernos. Salimos
desde el Jardín Botánico, lugar con inmensos
paredones rojizos alrededor. Fueron casi 12 hermosos
kilómetros. Llegamos hasta las figuras del “Monje” y “La
Torre”, tomamos más imágenes y volvimos
a buscar las bicis y encarar otro dificilísimo
tramo de pedaleo en la arena. Los kilómetros se
sintieron eternos en algunos lugares. Finalmente llegamos
a un sitio llamado Los Cajones qué era el cauce
de un río antiguo en dónde hoy simplemente
hay un hilo de agua qué proviene de una vertiente
natural. Nuevamente a pie recorrimos esos increíbles
4 km. con inmensos paredones a los costados. Bello por
dónde se lo mire.
Otra vez en bicicleta el tramo de regreso hasta el arco
de llegada.
Llegamos!!!! Medalla, beso y toda la emoción del
mundo…
Los agradecimientos: A la organización qué tanto
trabajó para qué la carrera sea tan linda,
a la gente de Saldeaventura qué me llena de alegría,
a mi amiga Graciela por esta nueva aventura y a nuestros
amigos qué nos ayudaron.
Fue una dura carrera, llena de espinas, de arena, de
paisajes, de caídas y de inmensa belleza qué nunca
olvidaré.
Mariela Frydman
Corresponsal |
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